15 nov. 2010

Coherencia, innovación y demás.

Muchas veces busco (solo o acompañado) esas definiciones que abarquen muchas situaciones. Una especie de Teorema.
Sobre todo busco esa definición de Innovación que me satisfaga. Y mientras más la busco, mas divergencia encuentro. También tienen que ver los reportajes sobre innovación que hacemos en el blog. Cada uno responde algo diferente, lo cual es válido, pero también sostienen la idea de que no hay "tipos de innovación" o "ramas de las innovación".



Pero sí hay algunas pautas que si se cumplen, para cualquier situación, en temas de innovación.
La primera es el contexto. Tema un poco trillado, pero super importante. Nada se puede analizar fuera de su contexto si se lo quiere entender bien.

La segunda es la coherencia. Hay coherencia cuando hay "relación de unas cosas con otras".
Ahora bien.
Supongamos que "unas cosas" son nuestra forma de pensar. Y que "otras" son nuestra forma de hacer.
Primera pregunta: ¿Que grado de coherencia tenemos en nuestra forma de vivir? ¿Somos coherentes en nuestro día a día? Y para graficarlo un poco más: vieron cuando hacemos esas cosas que mejor nos salen, tipo cocinar, pintar, cantar, y lo hacemos en un momento que parece que explotamos de felicidad? Bueno, imaginen esa sensación en constante ocurrencia. ¿Lindo, eh? Ahora vuelvo a preguntar: "somos coherentes?"

Es por este razonamiento que pienso que muchas llamadas innovaciones no lo son, o que la Responsabilidad Social Empresaria es un negocio (en la mayoría de los casos), y que para entender las innovaciones en productos y servicios debe existir coherencia entre esta y su entorno y usuarios. Es decir, debe haber relación.

Tenemos que empezar a observar si las cosas tienen o no coherencia. Es como parar la pelota y pensar si "existe relación entre unas cosas con otras". Vivimos en un país y una ciudad con muchísimas incoherencias, y nuestras vidas también las tienen. Tal vez ser coherentes sea la innovación suprema.

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